Qué es el síndrome de la fatiga crónica y cómo se diferencia del cansancio normal
El síndrome de fatiga crónica (SFC), también conocido como encefalomielitis miálgica, es un trastorno que causa un agotamiento extremo sin razón aparente, y los afectados no encuentran alivio a pesar del descanso. Este síndrome es particularmente complejo, ya que sus síntomas pueden confundirse fácilmente con el cansancio común, lo cual dificulta el diagnóstico y hace que, en ocasiones, sea percibido como simple flojera. Sin embargo, la fatiga crónica es una condición debilitante que afecta la vida diaria de quienes la padecen.
La Clínica Mayo lo describe como un “trastorno complejo” cuyo síntoma principal es el cansancio extremo sin causa médica subyacente. La fatiga en estos pacientes no solo no mejora con el descanso, sino que empeora con el esfuerzo físico o mental. Muchos de quienes padecen esta afección experimentan una “niebla mental” constante, y pueden necesitar varias pruebas médicas para descartar otras condiciones antes de confirmar un diagnóstico de SFC.
Los síntomas del síndrome de fatiga crónica pueden variar de una persona a otra, pero entre los más comunes se encuentran el agotamiento extremo tras cualquier tipo de esfuerzo, problemas de memoria o razonamiento, mareos al cambiar de posición, dolor muscular o articular, y un sueño que no es reparador. En casos severos, algunos pacientes pueden encontrarse demasiado débiles para levantarse de la cama y pueden llegar a depender de una silla de ruedas para moverse.
Según especialistas, como la médica psiquiatra Jésica Fischer, el SFC forma parte de un grupo de patologías llamadas “síndromes sensitivos centrales”, caracterizadas por una desregulación del sistema nervioso central, donde se observa hipersensibilidad e hiperexcitabilidad neuronal. Los médicos advierten que los síntomas deben persistir durante al menos seis meses y ser de intensidad moderada a severa para considerar un diagnóstico de SFC, ya que esta enfermedad influye considerablemente en la capacidad de realizar actividades cotidianas.
Ante la falta de un tratamiento definitivo, los médicos recomiendan un enfoque multidisciplinario para aliviar los síntomas. Algunas terapias que han demostrado efectividad incluyen la terapia cognitivo-conductual, la fisioterapia, la acupuntura, y técnicas de relajación y respiración. Estas opciones pueden ayudar a los pacientes a manejar mejor su condición y mejorar su calidad de vida, aunque la recuperación completa sigue siendo poco común.
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